El de arriba es el título del libro publicado en el año 2005 por Rodolfo Terragno, hoy publicamos la Introducción de ese libro por considerarlo de gran actualidad y por su didáctico contenido. En el libro se desnudan las simulaciones cruzadas que han marcado las relaciones de Argentina y el FMI, y que también han marcado las relaciones de América Latina con el FMI.

INTRODUCCIÓN

Simulaciones cruzadas

Aún no había terminado la Segunda Guerra Mundial y los aliados ya estaban organizando la posguerra.

En julio de 1944 se reunieron en Bretton Woods,1 y allí trazaron los planos de dos instituciones.

La primera serviría para forjar un sistema multilateral de pagos.

La otra, para rehacer la economía global.

Ése fue el origen del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.

Para darles vida a ambas instituciones, fue necesario el visto bueno de varios países.

El Fondo comenzó a respirar el 1º de marzo de 1947.

Siete días después, ya estaba brindando asistencia financiera a Francia.

En los primeros años, los organismos de Bretton Woods fueron usados para recomponer las economías de los triunfadores.

FMI

1Conferencia Monetaria y Financiera de las Naciones Unidas, celebrada entre el 1º y el 22 de julio de 1944 en Bretton Woods, New Hampshire, Estados Unidos. Como resultado de esa conferencia, se constituyó el FMI, destinado a promover la cooperación monetaria internacional, y el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento [Banco Mundial].

Con la reconstrucción concluida, en 1952, el Fondo aceptó la incorporación de los vencidos, Alemania y Japón.

Ese año asumió, también, otra tarea: evitar que el mundo en desarrollo comprometiera la estabilidad comercial y financiera.

Ideó entonces un sistema para ayudar (y controlar) a países con déficit de cuenta corriente.

El sistema se llamaría stand by. Los préstamos del FMI estarían sujetos a ciertos compromisos; por ejemplo, aumentar impuestos y recortar gasto público, a fin de pagar deuda.

Para asegurar el cumplimiento de tales compromisos, el Fondo no entregaría dinero de contado. Lo daría en cuotas. El prestatario que incumpliera con sus obligaciones correría con el riesgo: el FMI podría interrumpir los desembolsos.

Eso convirtió a los técnicos del Fondo en marines financieros, que desembarcaban en un país y tomaban control de la situación.

El poder coercitivo del organismo fue aumentando.

Como dice el propio FMI, sus créditos estuvieron “sujetos a condiciones de política desde los años cincuenta”, cuando se introdujo el stand by; pero en 1968 “se establecieron directrices formales,” que hicieron más ostensible el condicionamiento. (Ver: www.imf.org/external/np/exr/facts/spa/conditios.htm)

Dos fenómenos convirtieron al Fondo en “prestamista de última instancia” y aumentaron la dependencia de los países en desarrollo respecto del organismo:

La crisis del petróleo (iniciada en 1973). La súbita apreciación del crudo desató la inflación mundial, dislocó la balanza de pagos de los países importadores, y provocó un severo endeudamiento, a tasas de interés tan altas como nunca.

La crisis de la deuda (desatada en 1982). Cuando algunos países ya no pudieron pagar los intereses –que consumían la mayor parte de sus exportaciones– unos declararon la cesación de pagos y otros resistieron, pero todos requerían auxilio.

Esto coincidió con el auge de las ideas neoliberales.

Friedrich von Hayek había ganado el Premio Nobel en 1974. Milton Friedman, en 1976.

El neoliberalismo sería la fuerza dominante en el mundo anglosajón.

En Estados Unidos, serviría de soporte ideológico de Ronald Reagan (1981-1989).

En el Reino Unido, apuntalaría a Margaret Thatcher (1979-1990).

Además, en ese periodo se produciría la caída de la Unión Soviética (1989), interpretada como el triunfo de la economía de mercado a ultranza.

En esas circunstancias, el Fondo se convirtió en agente de un capitalismo extremo.

Su “condicionalidad” ya no se limitaría a asegurar el servicio de la deuda.

Comenzaría a exigir la privatización de empresas públicas (aun las rentables), a demandar aumentos en las tarifas de las empresas privatizadas (pese a su relativa incidencia en los ingresos del Estado), y a reclamar modificaciones en leyes comerciales o penales ajenas a su cometido.

Acordar con el Fondo sería indispensable, no sólo para acceder a los créditos del organismo. Un acuerdo con el Fondo equivaldría a un “certificado de calidad”. Una suerte de ISO9000 financiera, tenida en cuenta por los socios comerciales y los prestamistas privados.

Los países recibirían plata (y obtendrían ese “certificado de calidad”) a cambio de obediencia.

Para que nadie sospeche que exagero, o que mi descripción está dictada por la animosidad, dejaré que el propio Fondo explique cómo opera. El detalle puede leerse en “Condicionalidad del FMI”, en el sitio del organismo.

 A continuación se transcriben los fragmentos más importantes:1

(Ver: www.imf.org/external/np/exr/facts/spa/conditios.htm)

1 Los comentarios entre corchetes me pertenecen. Los puntos suspensivos indican omisión de palabras innecesarias.

De la boca del caballo*

Cuando un país miembro obtiene un préstamo del FMI, las autoridades del país se comprometen a aplicar ciertas políticas económicas y financieras.

Ese requisito se conoce con el nombre de condicionalidad.”

“La condicionalidad permite al FMI vigilar que el préstamo se esté utilizando eficazmente [a juicio del FMI] para resolver las dificultades económicas del prestatario, de modo que el país pueda reembolsar [el préstamo] de manera oportuna.”

“El crédito otorgado por el FMI está sujeto generalmente a la adopción de medidas de políticas adecuadas [siempre a juicio del FMI].

“Esas medidas de políticas constituyen el programa de un país miembro, que se describe en una carta de intención […] adjunta a la solicitud de financiamiento [pero negociada  previamente con el propio Fondo].

“La mayor parte de los préstamos otorgados por el FMI incluyen desembolsos escalonados. Ello permite al FMI comprobar que el país está cumpliendo los compromisos contraídos antes de efectuar nuevos desembolsos.”

“El seguimiento del programa se basa en varios mecanismos diferentes:

“Las ACCIONES PREVIAS son medidas que un país conviene en adoptar antes que el [FMI] apruebe el préstamo.”

“Los CRITERIOS DE EJECUCIÓN son condiciones específicas que han de cumplirse para que se efectúe el desembolso […] Hay dos tipos de criterios de ejecución:

Cuantitativos. Suelen referirse a variables de política macroeconómica como las reservas internacionales, los agregados monetarios y de crédito, los saldos fiscales o los empréstitos externos.

Estructurales. Varían mucho de un programa a otro, pero pueden incluir, por ejemplo, medidas específicas para mejorar las operaciones del sector financiero, reformar los sistemas de seguridad social, o reestructurar sectores clave como el de la energía.”

“El EXAMEN DEL PROGRAMA [es una revisión periódica] que permite al [FMI] efectuar una evaluación de amplia base sobre los avances […] del programa.”

*Expresión inglesa (straight from the horse’s mouth) que, por medio de una imagen, asevera que lo que se acaba de expresar es confiable, de buena fuente. Común en el lenguaje hípico.

 

La simulación del Fondo

¿Cuáles son las “políticas adecuadas” para “resolver los problemas económicos” de un país?

El Fondo proclama que esas políticas deben “sentar las bases de un crecimiento económico sostenido”.

Con ese presunto fin, impone “medidas para contener la inflación o reducir la deuda pública”, y exige “la liberalización de los precios y del comercio”, así como “el fortalecimiento del sistema financiero” y “mejoras en la gestión del gobierno”.

La experiencia demuestra que (al menos por sí solas) esas políticas no facilitan el crecimiento económico sostenido.

No es algo que inquiete demasiado al Fondo. Sus principales preocupaciones son otras:

  • Desarticular el estatismo de posguerra, sobreviviente aún en muchos países en desarrollo.
  • Homogeneizar mercados, facilitando así la expansión de las empresas multinacionales.
  • Asegurar que los prestamistas (empezando por el propio Fondo) se cobren en tiempo y forma.

 

La simulación de los prestatarios

El Fondo se viste de San Antonio de Padua, Protector de los pobres.

El mundo en desarrollo resiente esta simulación de un organismo que suele atender, con preferencia, el interés de los ricos.

El Fondo, a su vez, se queja de ese mundo, cuyos gobiernos simulan aceptar (y hasta cumplir) condiciones que, en la práctica, viven violando.

La insinceridad domina la mayor parte de las relaciones del organismo con los países que, para recibir su asistencia, deben someterse a sus dictados.

El caso argentino

La Argentina, que permaneció fuera del Fondo durante nueve años, ingresó el 20 de setiembre de 1956: un año después de derrocado Juan Domingo Perón.

A partir de entonces, se convertiría en uno de los principales “clientes” del organismo.

En 48 años (1956-2004) fue 34 veces a golpear las puertas de 700 19th Street NW, Washington, D.C.

El ministro de Economía, Roberto Lavagna, señaló en 2003 que –hasta entonces– la Argentina había cumplido sólo cuatro de los acuerdos firmados.

La relación de la Argentina con el Fondo ha estado signada por las simulaciones recíprocas.

La hipocresía de una y otra parte se hizo mayor a partir de los 80, cuando el Fondo extendió el concepto de “condicionalidad” y quiso erigirse en autoridad económica supranacional. El propio organismo lo reconoce, en otros términos:

Si bien el uso de los recursos del FMI ha estado sujeto a condiciones de política desde los años 50, no se establecieron directrices formales hasta 1968. Hasta principios de la década de los 80, la condicionalidad del FMI se centraba […] en medidas de política macroeconómica. Posteriormente, […] el carácter complejo y el alcance de los criterios de ejecución estructurales a los que está sujeto el crédito del FMI aumentaron considerablemente.

(Ver: www.imf.org/external/np/exr/facts/spa/conditios.htm)

Agobiados por la crisis de la deuda –que se desató en 1982– los países de América Latina necesitaban, más que nunca, la ayuda del Fondo.

El organismo aparentaba prestarles con un fin, y procuraba otro.

Los gobiernos se comprometían, pero incumplían sus obligaciones formales: las formales y las ocultas.

Era una manera de quedar mal con Dios y con el Diablo.

Ahora, la Argentina ha descubierto que se puede quedar bien con ambos.

En la escena, el presidente Kirchner se enfrenta con el Fondo; en la trastienda, es pragmático y aquiescente.

Este libro reseña las dualidades que, en el periodo 1983-2005, tuvo la relación de la Argentina con el debatible organismo.

A lo largo de estos años, cumplí funciones públicas que me permitieron observar las simulaciones desde cerca; unas veces como ministro, otras como legislador.

No fui, además, un espectador. Me tocó intervenir en negociaciones y discusiones.

El hábito de llevar notas, armar bases de datos y conservar documentos, me ha resultado útil. Gracias a ese hábito puedo reconstruir –con precisión y fidelidad– hechos que, de otro modo, se habrían esfumado en mi memoria.

Sobre el Fondo, y sus relaciones con la Argentina, se ha hablado y escrito mucho.

Acaso este libro tenga un valor agregado: escrito con espíritu crítico, presenta un testimonio.

La crítica no es hecha aquí desde fuera. No se asienta sobre interpretaciones, sospechas o conjeturas.

Es hecha desde dentro. Está inspirada en hechos de los que fui testigo.

Doy fe.

*Rodolfo Terragno, se ha desempeñado como periodista, político y escritor. Fue senador nacional, ministro de Obras y Servicios Públicos de la Nación bajo el gobierno de Raúl Alfonsín. Es miembro de la Academy of Arts and Sciencies, y de la American Philosophical Society. Fue director de la Revista Cuestionario, fundador y director de El Diario de Caracas. En el 2015, fue premiado con la Pluma de Plata, el máximo galardón que otorga la Academia Nacional de Periodismo de Argentina. Autor de numerosos libros sobre Historia y Política. Es uno de los más inteligentes y lúcidos hombres públicos de Argentina. Sus análisis son profundos y brindan una información dura y rigurosa.