En un sorpresivo resultado, el electorado británico votó para abandonar la Unión Europea (UE). Esta decisión, conocida como ‘Brexit’ (neologismo que une la palabra Great Britain con exit = salida), desató una crisis política en el Reino Unido (UK), y tendrá consecuencias en el futuro de la integración europea.

 El primer signo de la crisis fue la renuncia del Primer Ministro de Gran Bretaña, David Cameron, quien renunció y fue reemplazado por Theresa May, acompañado de una significativa turbulencia en los mercados financieros globales, una secuela casi inmediata fue la caída de la Libra británica, en alrededor del 10%, también los mercados globales de valores cayeron, aunque se recobraron más tarde. Las iniciales evaluaciones señalan que Brexit tendrá un impacto relativamente limitado sobre América Latina. Podrían observarse dos escenarios alternativos ‘post-Brexit’. Uno de ellos podría ser significativamente negativo para la región.

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Existen dos principales mecanismos de transmisión a través de los cuales Brexit tendrá impacto sobre las economías de América Latina y El Caribe. El primero es el efecto directo. Un crecimiento económico más lento en UK, una consecuencia esperada extensamente de la decisión Brexit es que podría reducirse el comercio UK-Latinoamérica, como también un recorte en las inversiones de UK en América Latina. Este efecto será limitado, debido a que UK no es un gran socio comercial regional. Por ejemplo, el año pasado, el comercio UK-Brasil llegó a US$6,8 mil millones (mm). Eso representó el 10,4% del comercio total de la Unión Europea (UE)-Brasil y solamente el 1,9% del comercio total de Brasil con el mundo.

Igualmente, el comercio UK-México estaba valuado en US$5,6mm, o 10,5% del comercio UE-México y solamente 0,7% del comercio total de México. La inversión de UK es bastante significativa en algunos países, tales como Colombia (donde es la segunda más grande fuente de inversiones después de EU) y Perú (donde en 2014 fue el mayor inversionista extranjero, llegando a 18% del total). Pero en esos casos el impacto será relativamente limitado. Después de todo, UK no dejará de comerciar o invertir.

El segundo, y potencialmente más significativo mecanismo de transmisión es indirecto. Existe la preocupación que la decisión Brexit podría disparar un extendido periodo de incertidumbre global, causando menor crecimiento y nervios en los inversionistas. La turbulencia financiera podría producir ondas fuera de UK hacia la UE y otras economías desarrolladas. Esto podría impactar sobre los mercados emergentes y golpear la demanda global de materias primas, en momentos en que han comenzado a emerger los primeros signos de recuperación para las exportaciones de materia prima de América Latina.

Sin embargo, llevará cierto tiempo evaluar la fortaleza de esos efectos indirectos, y gran parte dependerá de los esfuerzos en las políticas de los gobiernos para contenerlos. La economía global aún retiene un cierto grado de resistencia y elasticidad. Un factor que podría compensar el impacto Brexit puede ser una inclinación de la Reserva Federal de EU hacia el endurecimiento de su política monetaria a un ritmo más lento de lo que se había esperado previamente –lo cual sería beneficioso para América Latina.

La evaluación inicial del Fondo Monetario Internacional (FMI) fue tranquilizador para América Latina, a pesar de las fuertes presiones globales. En la última actualización de julio de su Panorama Económico Mundial, el Fondo señala que “el voto Brexit implica un sustancial incremento en la incertidumbre económica, política, e institucional, que está destinado a tener consecuencias macroeconómicas negativas, especialmente en países europeos avanzados.” El economista jefe del FMI, Maurice Obstfeld, lo dice sin rodeos: “Brexit ha puesto un palo en las ruedas”. De tal manera que el FMI ha recortado el pronóstico de crecimiento del PIB de UK para el 2017: de 2,2% previamente, a 1,3%. También afirma que como resultado del Brexit, ha recortado su pronóstico de crecimiento global a 3,1% para este año y a 3,4% en el 2017 –cayendo ambos en 0,1 punto porcentual con relación al pronóstico previo.

Con la expectativa que la incertidumbre continúe por cierto tiempo, una manera de evaluar los riesgos para América Latina es considerar dos posibles escenarios post-Brexit. Uno podría describirse como ‘Amistoso para América Latina’ y el otro como ‘Hostil para América Latina’.

En el caso del primer escenario (amistoso), Brexit resulta no ser más que una falla técnica. Durante los próximos dos años, UK negocia un amplio y amigable divorcio de la UE. Experimenta menor crecimiento; algunas actividades financieras con sede en UK se mudan a Frankfurt o París, pero la más amplia economía europea no resulta debilitada significativamente. Es importante que otros países miembros de la UE no busquen seguir el ejemplo de UK y dejar la UE. La integración entre los restantes 27 miembros en realidad podría acelerarse, ayudando a corregir el sistema bancario europeo y, por tanto, mejorar la resistencia y elasticidad general. En este escenario la UE (sin UK) llega a un acuerdo de libre comercio con los miembros fundadores del Mercado Común del Sur (Mercosur), Argentina, Brasil, Paraguay, y Uruguay (con el nuevo miembro, Venezuela, accediendo más tarde).

También importante para este escenario es una victoria en las elecciones de noviembre del 2016 de la moderada candidata del Partido Demócrata, Hillary Clinton.

El escenario hostil post-Brexit para América Latina es más dramático. Brexit se convierte en una distante pero significativa señal de alerta temprana, de una gran reacción política contra la globalización y la inmigración que se extiende al otro lado de las economías desarrolladas. Una revuelta de los partidos populistas de derecha podría hacer que uno o dos países sigan el ejemplo del Reino Unido y salgan de la UE, que se vería seriamente debilitada y podría experimentar una probable recesión. El proceso es desordenado y conduce a una incertidumbre mayor. El tratado de libre comercio (TLC) con el Mercosur es abandonado.

En realidad, el peligro real para América Latina y el Caribe es la victoria de Donald Trump en la elección de EU, lo que desencadenaría más incertidumbre, sobre todo en sus políticas económicas, el futuro de Nafta, y las relaciones comerciales y políticas con México. El resultado neto será un período de crecimiento más lento en el comercio mundial, obstaculizado por la aparición de una nueva ola de proteccionismo. En algunas versiones de este escenario, el triunfo del populismo de derecha de Trump en EU podría también ayudar a provocar una fuerte reacción en México, que podría llevar a la victoria en las elecciones del 2018 a un populista de izquierda como Andrés Manuel López Obrador (AMLO).

Los dos escenarios mencionados son altamente simplificados y especulativos, pero ambos ilustran que estos son tiempos inciertos y que durante los próximos 2 a 3 años los riesgos en la política económica para América Latina podrían ser sustanciales. Los gobiernos necesitarán trabajar sobre planes de contingencia. Algo de esto ya está ocurriendo, por ejemplo, con un número de funcionarios mexicanos y analistas tratando de evaluar qué podría significar para el comercio  una presidencia de Trump en EU. Del mismo modo que se espera que el Reino Unido invoque el artículo 50 del Tratado de Roma para formalizar su salida de la UE; en el peor de los casos una Casa Blanca con Trump podría tratar de invocar el Artículo 2205 del tratado Nafta, lo que le daría seis meses a EU para abandonar ese tratado. Incluso sin que eso ocurra, Luis de la Calle, un ex viceministro de Comercio de México, ha señalado que Trump se comprometió  a aplicar tarifas de 35% a la importación de automóviles y camiones producidos en México (la mayor parte del comercio transfronterizo es en la actualidad  prácticamente libre de impuestos, en virtud de las reglas de Nafta).

De la Calle también señala que el Presidente Obama había hecho promesas de campaña para renegociar las provisiones de Nafta, pero no lo hizo una vez en el poder. Aun así, “Debemos sospechar que lo dicho por Trump va en serio”, advierte De la Calle. Sin embargo, él también señala que los exportadores agrícolas de EU del oeste medio de EU tratarían de desalentar a Trump de iniciar una guerra comercial con un país que, de hecho, es un muy importante mercado exportador para los productores agrícolas de EU.

En el centro del debate está el tema de cómo adaptarse a la globalización. En momentos cuando más gobiernos latinoamericanos parecen aceptar la necesidad de competir globalmente, la opinión política en Estados Unidos y parte de la UE parecen ir en la dirección opuesta, rechazando esa necesidad, y girando hacia el proteccionismo.

De la Calle dice que el enojo de Trump por la decisión de Carrier, el fabricante de aire acondicionado de EU, para mudar su planta de ensamblaje a México resume a la perfección el cambio. “Ellos compiten con Samsung y LG, y todas esas empresas tienen plantas en China y Tailandia. La única forma en que Carrier  puede competir es dedicándose a la investigación y el desarrollo, construyendo su marca en Indiana y haciendo su montaje en México, que es lo que están haciendo ellos”, dijo. “Carrier no puede tener éxito a nivel mundial si no tiene la producción central en México. ¿Cómo van a competir con Samsung y LG en los mercados asiáticos?”

© Latin American Newsletters (UK)

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