Luego del triunfo del ‘No’ en el referéndum por la paz del 2 de octubre, por una estrechísima diferencia de 0,4%, Colombia ahora enfrenta un periodo de aguda incertidumbre política y económica. La reacción inicial de las dos figuras centrales en el proceso de paz, sin embargo, ha sido alentadora. Pero les espera un difícil camino por recorrer.

Fueron cuatro años de duras y difíciles negociaciones para llegar al acuerdo de paz. Ambos líderes, el Presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, y Rodrigo Londoño Echeverri (‘Timochenko’), el máximo líder de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc), expresaron de manera firme y clara que seguían comprometidos con el proceso de paz. Pero no dependerá solamente de ellos, ahora también deberá tenerse en cuenta a quien impulsó la campaña del ‘No’: el ex presidente y actual senador y líder del derechista Centro Democrático (CD), Álvaro Uribe, quien ahora tiene la responsabilidad de llegar a acuerdos que puedan ser aceptados por todos. Algo que suena harto difícil, considerando las diferencias de fondo existentes. Por ahora, la respuesta de Uribe –que se ha reunido con Santos cara a cara por primera vez en cinco años– es la de un estadista en términos de retórica y acción, pero una enorme distancia lo separa a él de las Farc.

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Es un tributo a la fortaleza de las instituciones democráticas de Colombia que los votos sobre una cuestión tan importante hayan sido contados con tal rapidez, y su resultado aceptado de inmediato, teniendo en cuenta que el triunfo del ‘No’ fue por una diferencia casi insignificante con una diferencia de tan solo 55.737 votos en unos casi 13 millones de votos totales depositados (50,2% - 49,8%). El Presidente Santos con el rostro sombrío, rodeado por figuras igualmente sombrías del equipo negociador del gobierno en Cuba, aceptaran el veredicto del público inmediatamente después del conteo rápido, pero él se negó a renunciar a la paz. Pero el ahora senador Uribe le arrojó un salvavidas, en un mesurado discurso, insistiendo en que él también estaba comprometido con la paz –pero no en los términos del acuerdo. Por su lado, Francisco Santos, el primo Uribista del Presidente, también le extendió una mano, alegando que “no hay necesidad de comenzar de cero porque varios elementos [del acuerdo de paz] eran buenos”.

El voto por el ‘No’ triunfó por una serie de razones. La apelación emocional y popular de Uribe lo convirtió en un serio adversario. Atacó los aspectos del acuerdo donde las Farc se habían posicionado para obtener la mejor parte a través del tratamiento preferencial para los altos líderes de las Farc, evitando sentencias de prisión y su participación en la competencia política (dos áreas donde las encuestas mostraron un muy alto nivel de rechazo del público). Uribe, hábilmente, convirtió el voto en un plebiscito sobre Santos, o ‘plebiSantos’, alentando a los votantes a expresar su descontento con el gobierno, en parte irónicamente, porque Santos es percibido como alguien que ha dedicado toda su atención en buscar la paz con las Farc en detrimento de otras cuestiones cruciales, en especial relacionadas con la economía, y un probable incremento de los impuestos. En verdad, se ha estado rumoreando fuertemente que Santos ha estado aplazando una severa reforma fiscal hasta después de la votación, en parte para financiar el acuerdo de paz.

En este contexto el anuncio de las Farc faltando sólo 24 horas para la votación, que proveería un inventario de sus recursos financieros (tan pronto comience la fase del desarme) a fin de proveer compensación para las víctimas, podría haber atraído más votantes si es que no hubiese llegado tan tarde. Previamente, las Farc dijeron que carecían de los medios financieros para contribuir a la reconstrucción post-conflicto, dañando su credibilidad. Las Farc también destruyeron más de 600 kilos de explosivos, verificado por las Naciones Unidas (ONU), el día antes del referéndum. Este gesto, que no logró diluir la desconfianza y antipatía hacia las Farc, podría haber hecho más para persuadir al público de la sinceridad de las intenciones del grupo de guerrillas si se hubiera realizado con anterioridad.

La desconfianza generalizada hacia Santos, que goza de sólo el 20% de apoyo, fue otro factor, especialmente en las regiones de cultivo de café de Colombia y entre los productores agrícolas que han organizado protestas contra el gobierno. Referendos para los líderes impopulares son difíciles e impredecibles. A pesar de todo esto, se esperaba que prevaleciera el ‘Sí’.

Pero sin entrar en vigencia el acuerdo de paz, es altamente improbable que las Farc vean la proposición de Pastrana, luego de una reunión con Santos, como tranquilizadora. Además, Santos dijo que la extensión del cese del fuego que él había anunciado se extendía sólo hasta el 31 de octubre. Timochenko respondió a través de Twitter: “¿Y desde entonces en adelante la guerra continúa?” El ministro de defensa, Luis Carlos Villegas, trató de minimizar la cuestión señalando que Santos podía extender el cese del fuego “tantas veces como sea necesario”, aunque las Farc se sienten claramente inquietas acerca de esa incertidumbre.

De todos modos, Santos recibió un nuevo espaldarazo a su gestión por la paz al serle otorgado  el Premio Nobel de la Paz. Sin embargo, algunos observadores piensan que Timochenko debe sentirse molesto por no recibir el mismo espaldarazo.

La prensa colombiana citó los cinco puntos que el campo del ‘No’ espera renegociar:

1) Cárcel para los culpables de delitos atroces. No ven como suficiente las sanciones restaurativas y piden que haya penas efectivas de prisión. 2) Elegibilidad política. Se oponen a que los señalados de crímenes de lesa humanidad sean elegidos en cargos a través de la elección popular. 3) Entrega de bienes. Piden que en el Acuerdo Final quede establecido que las Farc entregarán sus bienes para reparar a las víctimas. 4) Narcotráfico. Consideran que este delito no puede ser conexo con el delito político. Y que deben entregar los cultivos de las drogas. 5) Tierras. Quieren que en el acuerdo quede establecido que no se expropiarán tierras privadas y que no se crearán nuevas zonas de reserva campesina.

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