Para que el dictador Alfredo Stroessner fuese reelecto las veces que quisiera, no hubo tantos rodeos. Un obediente y sumiso parlamento lo aprobó con aplauso y zapateo. Tenían mayoría absoluta. Para eso eran miembros del partido de gobierno, la Asociación Nacional Republicana-Partido Colorado (ANR-PC), el partido que apoyó sin ningún rubor a un dictador que deseaba ser eterno. 

 Pero nada es eterno en esta vida. Y un buen día, Stroessner fue derrocado y ese partido descubrió ¡después de 35 años! que no era un partido pro-dictadura, sino que, en realidad, era democrático (aunque no tanto, usted sabe: “el zorro pierde el pelo pero no las  mañas”). Y siguió gobernando hasta el 2008, cuando un ex obispo lo despojó del poder. Y en junio del 2012 tuvieron que recurrir a un espurio  juicio político para destituir al entonces presidente, Fernando Lugo y retornar de nuevo al poder en el 2013. Algunos menos remilgados calificaron el juicio político de “golpe” liso y llano. Otros dijeron “golpe institucional”.

Asociacion Nacional Republicana Partido Colorado cartes inner

De nuevo, este año, se ha vuelto a instalar el tema de la reelección y comenzaron a surgir los partidarios de un lado y de otro, algunos a favor, otros en contra. Y han comenzado a hablar de si será por medio de una enmienda o a través de una reforma. En estos últimos días ya salieron a la palestra quienes insisten ante el Presidente Cartes, para que busque la reelección, hay dirigentes de seccionales que hasta desempolvan viejos gritos para apoyar a Cartes, calificándolo “como único líder”, lo cual trae nefastos recuerdos. Hasta un ministro, en un acto oficial, se puso el pañuelo rojo al cuello y se atrevió a decir que se necesitan “otros diez años de Cartes en el poder”. Pero ha sido el Vicepresidente Juan Afara quien en los inicios del 2015 lanzó la frase: “El presidente que haga un buen trabajo tiene que tener la posibilidad de seguir”, pues cinco años son pocos. Tal vez, a la luz de la situación actual, el condicionante previo: “que haga un buen trabajo”, podría ser una exigencia muy lejana de cumplir y que está más allá de lo que hace este gobierno. Las encuestas y el sentir del pueblo no le son propicios a Cartes.

Los dirigentes de la ANR-PC se debaten en un serio dilema: el conocido ‘abrazo republicano’ que debía darse luego de las elecciones internas no pasó de ser unas palmaditas en la espalda. Los derrotados en esas internas se sienten dejados de lado (y tienen razón). La disidencia interna ya se ha pronunciado contra la reelección en cualquiera de sus formas, enmienda o reforma. Pero si no hay reelección ¿quién puede ser su candidato? Hasta ahora el único que se perfila como tal, aunque no parece arrastrar mucha simpatía, es el presidente del senado, Mario Abdo Benítez. Castiglioni también ha insinuado algún interés, pero la adhesión que arrastra es aún menor que la de Abdo Benítez. Por otro lado, como era de esperar, Abdo Benítez está en contra de la reelección. Así elimina a un probable adversario en la lucha interna por la designación presidencial.

Pero ha surgido otro problema: si hay reelección el candidato mejor ubicado en las encuestas es el ex presidente Fernando Lugo, del Frente Guasú. Y hay quienes piensan que aprobar la reelección es servir en bandeja de plata la presidencia a Lugo, pues podría ganarle a cualquier otro candidato, incluido el “caballo del comisario”, es decir, Horacio Cartes. Los esperanzados en una nueva candidatura de Cartes dicen que es muy pronto para creer en las encuestas. Se olvidan que el presidente actual ya ha cumplido tres de los cinco años de su mandato, y su imagen no es la mejor, por decir lo menos.

En algunos sectores de la ANR-PC ya ha surgido, aunque tímidamente, la opción por la búsqueda de alianzas con otros sectores. Algo raro para un partido que dice contar con cerca de dos millones de afiliados, pese a que nunca haya llegado en una elección ni cerca de ese número de votos. En una palabra, ni la situación interna de la ANR-PC es la más esperanzadora y menos aún la situación general del país. El rechazo generalizado a este gobierno, a algunos de sus ministros, la corrupción galopante denunciada todos los días, la sensación de inseguridad en que se vive, la presencia de lo que se ha dado en llamar la “narcopolítica”, y la ausencia de una lucha permanente y de resultados contra la pobreza, no da muchas esperanzas como para votar de  nuevo por el mismo gobierno.

Entonces surgen las simulaciones y comienzan a utilizarse los sofismas: no se habla de reelección, sino de la necesidad de “más años en el poder” para cumplir los planes y promesas del gobierno. El Presidente Cartes, cuando le hablan de reelección se calla, lo niega, o dice “vamos a ver”. Se simula, cuando algunos afirman que la reelección es posible con una enmienda. Otros, por el contrario, afirman que solamente una reforma puede instalar la reelección.

Los que desde distintas posiciones políticas, incluido el Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA) dicen estar en contra de la reelección y expresan su temor hacia el hipotético autoritarismo que podría generar, en verdad, no quieren que un presidente en funciones (Cartes) y un ex presidente (Lugo) puedan competir en las elecciones del 2018, pues uno de los dos podría ganar y ese es un riesgo que había que descartar cuanto antes.

Esa es la verdadera razón por la que el 25 de agosto, 8 senadores disidentes de la ANR-PC; a los que se sumaron 8 del PLRA; 3 del Partido Demócrata Progresista (PDP); 2 de Avanza País; 1 del Frente Guasú (FG); y 1 del Partido Encuentro Nacional (PEN), decidieron ganar de mano a los que querían aprobar la enmienda como el método viable para obtener la reelección presidencial. Y lo lograron en un solo día, y en pocas horas.

La maniobra fue sencilla y rápida: presentaron a la mañana una propuesta de enmienda para la reelección, la comisión encargada “estudió” el caso y recomendó lo que ya estaba acordado: rechazarla. Los senadores en número mencionado arriba conformaban la mayoría necesaria para rechazarla: 23 senadores, que aprobaron el rechazo con la mayoría de un senador. Los que estaban por la enmienda no pudieron reaccionar, no les alcanzaban los números y quedó rechazada la enmienda como método para lograr la reelección.

En pocas palabras, los diputados oficialistas que pretendían imponer la enmienda fueron madrugados. Y, en el fondo, de eso se trata, esta vez ganaron los que no quieren la reelección. Tal vez sea una victoria pírrica. Ya han surgido voces que afirman que no todo está perdido y que seguirán intentando aprobar la reelección. Otros afirman que ya no hay tiempo para hacerlo. ¿Quién estará en lo cierto? Pero la experiencia nos ha enseñado que los dirigentes de la ANR-PC siempre tienen un as bajo la manga, constitucional o inconstitucional.

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