Un personaje acusado de narcotráfico en Brasil y de lavado de dinero en Paraguay, fue centro de las noticias. Todos los medios de comunicación se hicieron eco de lo que ocurría en Tacumbú. Lo raro es que no era una novedad: desde hace tiempo que se sabe –es vox populi– que en el principal centro de detención del Paraguay hay reclusos privilegiados.

El recluso que causó tal revuelo no es un recluso cualquiera, se trata de Jarvis Chimenes Pavão, que es considerado si no el principal, por lo menos uno de los principales jefes del Primeiro Comando Capital (PCC), la poderosa banda de tráfico de drogas y otros delitos anexos, cuyo largo brazo ya ha permeado varias zonas en el Paraguay, desde donde desarrollan, casi sin ninguna molestia sus actividades de tráfico de drogas, tráfico de armas, y todo tipo de contrabando, especialmente cigarrillos. La cabeza de esa lucrativa actividad era Pavão, que las dirigía desde la comodidad de su “celda” en Tacumbú, donde contaba con todos los medios necesarios: celulares, computadoras, acceso a Internet, una sala, baño, y todo lo necesario para disfrutar de un muy buen pasar, estaba además protegido por un equipo de seguridad, conformado por selectos reclusos del mismo penal. En pocas palabras, una vivienda confortable y una oficina cuasi comercial, que podría ser la envidia de varios empresarios locales.

narcotrafico paraguay inner

Las versiones difundidas afirmaban que Pavão pagaba por esas comodidades un “alquiler” de US$300 diarios, unos US$9.000 mensuales. Eso significa alrededor de US$108.000 por año. Es decir que, en los años en que está como recluso lleva pagando desde el año 2010, unos US$702.000. ¿A quién, o quienes? Nadie lo sabe y, probablemente no se sabrá nunca, que es lo que ocurre habitualmente en estos casos: se pierde en la enmarañada nebulosa de nuestra “esquiva” justicia.

Pero eso no es todo, los arreglos en su celda-oficina-dormitorio también los pagó Pavão quien evidentemente tenía acceso irrestricto a los fondos necesarios, pues “contribuyó” para montar una especie de templo evangélico, refaccionar, construir otros baños, y varios otros arreglos dentro del penal, sus obras estaban en marcha cuando fue desalojado intempestivamente de lo que podríamos llamar, en realidad, su “mansión” o “bunker”. Pero gracias a la oportuna orden urgente de un juez, Pavão pudo retardar, aunque más no sea por pocas horas, el momento de  su desalojo. Es que, a pesar de existir la orden de un juez de que Pavão debía permanecer en el lugar, una perentoria orden del Presidente Horacio Cartes, que se cumplió a rajatabla, la dejó sin efecto. Hay algunos afectos a la legalidad, que dijeron que era una interferencia inconstitucional sobre el poder judicial. Nadie perdió su tiempo en analizar tales “minucias”. Por otro lado, ya hacía mucho tiempo que se sabe que en Tacumbú había reclusos privilegiados, con celdas “vip”, mientras el resto de los reclusos (alrededor de 4.000) llevaban una existencia paupérrima, en un perverso y cruel hacinamiento.

Lo que provocó esa inesperada reacción del Presidente Cartes, según noticias que circularon, fue un supuesto intento de fuga, usando explosivos, y creando un ambiente de inestabilidad en el país, dirigido contra el gobierno, a fin de presionar a las autoridades para que no lo extraditen [a Pavão] al Brasil

Falta saber quiénes son los beneficiarios de la “generosidad” de Pavão. No es muy difícil averiguarlo. No creo que sea difícil saber quiénes vendieron los muebles e hicieron los arreglos. Y también quienes lo autorizaron. Hasta ahora hubo destituciones de toda clase: la ministra de justicia, Carla Bacigalupo, el director de institutos penales, Artemio Vera, y el director del penal de Tacumbú, Luis Barreto. Pero no se trata sólo de destituir a las autoridades involucradas, éstas deben ser procesadas por los delitos cometidos. Si no se hace así, vendrán otros que saben que tienen la inmunidad e impunidad aseguradas.

Literalmente, de la noche a la mañana, Pavão fue obligado a cambiar su cómoda estadía en Tacumbú, por una celda común y corriente en la Agrupación Especializada, que fue el sitio donde el Presidente Cartes ordenó que sea trasladado. La abogada de Pavão expresó que en ese lugar, su vida [la de Pavão] corría peligro de muerte. Algunos medios repitieron temores de otros: “su cabeza tiene precio”.

¿Quién tendrá una mayor o igual capacidad financiera que Pavão, capaz de ofrecer un incentivo suficiente para ejecutar semejante operación y cobrar ese precio? No ha pasado mucho tiempo del atentado que le costó la vida a otro poderoso sospechado de narcotráfico que vivía en Pedro Juan Caballero, Jorge Rafaat Toumani, donde todo el mundo sabía que en Brasil le esperaba una condena pendiente por narcotráfico y lavado de dinero. En Pedro Juan Caballero, él era un empresario importante, aunque todos sabían o sospechaban que era narcotraficante. Usaba un vehículo blindado que no bastó para salvarle la vida. Los atacantes utilizaron un arma de grueso calibre, una ametralladora que es utilizada como arma antiaérea, calibre .50, que puede disparar balas trazadoras, e incluso proyectiles especiales para penetrar blindajes.

En esa ocasión, las sospechas como el ideólogo del atentado apuntaban a Pavão, la misma viuda de Rafaat escribió una carta dirigida a él donde pedía terminar la guerra y hacer las paces para seguir viviendo.

Pero la guerra entre narcotraficantes es sin cuartel, es por el territorio y por las rutas del tráfico. Hay una enorme cantidad de dinero y poder en juego. Y el caso es que Paraguay es un lugar ideal para esa lucrativa actividad ilegal. El narcotráfico ha contaminado casi todos los estamentos de poder en Paraguay. Y ocurren cosas extrañas, jueces que dejan en libertad a sospechosos de ser narcotraficantes; políticos sospechados de ser cómplices o ellos mismos traficantes; legisladores señalados por la Senad por complicidad con el narcotráfico; cargamentos de drogas que desaparecen misteriosamente de locales de la ley; agentes policiales sospechados; e incluso altas autoridades de la policía involucradas en actividades ilegales; intendentes que se dedican a la misma actividad ilegal, o al contrabando; camiones cargados con toneladas de marihuana que son incautadas en Brasil o Argentina; cientos o miles de cajas de cigarrillos de contrabando incautadas en la frontera o luego de pasar por ellas, en Brasil principalmente. Contenedores llenos de mercancías de contrabando que entran al país, y que son liberados por alguna autoridad. Y la lista puede seguir hasta el infinito.

Y de eso se trata: el narcotráfico seguirá lo más campante, al igual que el contrabando de cigarrillos y otros productos, como armas: no hay una lucha consecuente, que golpee a los “capos” máximos, a los que manejan el dinero ilegal y se encargan del lavado. Al igual que la lucha contra la pobreza, si el Estado no tiene la voluntad política de luchar contra esos flagelos, la ilegalidad será el caldo de cultivo necesario para proveer de hombres a las bandas de delincuentes y narcotraficantes.

En el programa “Algo Anda Mal” (AAM), donde asistió el actual encargado de despacho, Ever Martínez, en realidad ministro interino de justicia, quien prometió desmantelar “por orden del Presidente Cartes”, los privilegios de que disfrutan algunos reclusos, en realidad, aunque se refería específicamente al sitio ocupado por Pavão y, por extensión, los de todos los que gozan de ese privilegio desde hace años. ¿Qué hará con el resto de los privilegiados presos vip? ¿Se pondrá fin a la vida paupérrima que soporta el resto de los reclusos? ¿Terminará el hacinamiento en el que viven? No sólo los reclusos de Tacumbú, sino los de todo el país.

Si no hay una lucha decidida contra la impunidad y la protección que brindan jueces, políticos, autoridades policiales, y otras autoridades que están en los estamentos más altos, seguiremos lamentándonos, y correremos el riesgo de convertirnos en un ‘Estado fallido’, incapaz de cumplir con su papel, y caeremos en lo de siempre: quejas, denuncias, lamentos, que terminan en vacías promesas, o en lo que folclóricamente llamamos opá reí.

Si eso no se hace, habrá nuevos Rafaat, Wilson Acosta, Pavão, y Chicharones, y  faltará poco para que la perversa sombra del narcotráfico envuelva por completo a toda la República.

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